Hace un año más o menos que necesito una silla de ruedas, ya que apenas ando, solo pequeños tramos como del coche a la puerta. Aunque en agosto del año pasado tuve unos días de recuperación y anduve un poco con los palos, luego no pude seguir haciéndolo y he ido tirando con el andador-carrito todo este tiempo.

Como no puedo andar distancias largas, cuando hemos tenido que ir a algún evento mi marido me ha tenido que llevar en la silla de transporte básica de mi difunta madre. No ha sido agradable ni divertido…

Pensando en ponérselo un poco más fácil, en Abril les pedí a la fundación una silla. También acudí al neurólogo a principios de Mayo y solicité la silla.

No tengo silla. Entre que uno no sabe hacer la petición, la otra de vacaciones, luego el otro también se va de vacaciones, la otra no tiene tiempo de mirarlo, la dra de rehabilitación no tiene horas disponibles y para colmo me dan una hora en julio que coincide con una visita muy importante de mi familia a la que no puedo faltar, con lo cual hasta agosto no tengo cita con la única persona que me puede hacer la solicitud de la silla. Un despropósito.

Y yo, que siempre he sido activista y he logrado muchos avances en mis causas, no tengo ningunas ganas de pelear y luchar para conseguir una maldita silla de ruedas, que es lo que siempre he querido evitar.

Tendrían que perseguirme ellos a mí, ofreciédome las mejores sillas del mercado, ya que son los que sacan provecho de la enfermedad. Tendrían que ponérmelo fácil, ya que es una gran contrariedad no poder andar y necesitar un artilugio para desplazarte.

No me da la gana de mover un dedo más para esto. Más me vale seguir andando. Aunque sea a la velocidad de un caracol 🐌.