Esta soy yo, así me veo, así me siento. Sin restarle una risilla, ya que soy partidaria de reírme de mí misma. La verdad es que cuando veo al Ecce Homo me parto, jeje.

Soy como el Ecce Homo porque soy una obra de arte que se ha estropeado tanto, que se ha degenerado hasta tal punto, que necesito toda una restauración. Y durante el proceso estoy como a medio hacer, emborronada, sin identidad propia, como si todo mi cuerpo estuviera en suspense.

Cuando enumero la lista de todo lo que tengo que reconstruír ahora que estoy en proceso de regeneración, me echo las manos a la cabeza. Soy toda una Ecce Homo: desde los dedos de los pies deformados, la atrofia muscular y de ligamentos en las piernas, hasta la cara desfigurada por la atrofia, la voz, todo lo del medio dañado más o menos por el estilo. Donde tendría que haber un músculo, hay un hueco. Donde tendría que haber una forma, hay un globo desinflado, donde debería haber fuerza, hay debilidad. Donde debería haber flexibilidad, hay rigidez. Estoy hecha un cromo, un cromo alegre eso sí, ya que soy feliz. Para mí todo esto no es ningún drama, he estado mucho peor y me estoy recuperando.

No quiero que me pase como a la señora Cecilia (por cierto que en paz descanse), que no pudo acabar la restauración del Ecce Homo, aunque realmente aquello estaba más allá de poderse arreglar. Aunque si me quedo así, a lo mejor sirvo para memes.

Bueno, voy a ver si puedo restaurarme y ya te cuento sobre la marcha.