Está siendo un reto para mí disponerme a aceptar regalos y ayuda. Dicen que hay personas que no saben pedir ayuda. Pero se equivocan, no es que no sepamos, es que no queremos.

Es un rasgo en la personalidad que en realidad es muy común. Cuando tienes un rol de cuidadora y sientes que dar a los demás te sitúa por encima (aunque no seas consciente de ello), no estás dispuesta a dejar que sean otros los que te ayuden. Una persona así realmente cree que no necesita ayuda de nadie, y se dispone a tirar del carro con dureza para consigo misma.

Lo bueno para mí es que este proceso de la motoneurona me ha llevado a lugares tan extremos que ya no soy yo la cuidadora ni la que ayuda a los demás. Y lo más importante, aquella personalidad se ha roto en mil pedazos, y me estoy reconstruyendo poco a poco, sin saber cuál será el resultado final.

Cuando inicié la campaña pública para recoger fondos para poder seguir con mis terapias sentí vértigo, estaba a punto de dejar atrás a la Mireia que no necesitaba nada de nadie, que no quería que se supiera que estoy mal. Ahora no me reconozco a mí misma, y a la vez estoy un poquito más cuerda que antes.

Como le dijo Luna Lovegood a Harry Potter, «No te preocupes, estás tan cuerdo como yo».