Este proceso de la motoneurona me lleva a experimentar aprendizajes que no hubiera imaginado.
Cuando es el momento adecuado todo se dispone, suena a frase de terapia pero es exactamente lo que me ha sucedido recientemente.
Con Héctor, mi PNI, estamos siempre buscando qué me causa el estrés. Surgió mi apego a mi trabajo de comadrona, un trabajo que ahora mismo no estoy en condiciones de ejercer, pero que aún así no he dejado del todo hasta ahora. Tenía una sensación de carga y de lucha conmigo misma, frustración y no aceptar que debo dejar aquello que me llenaba tanto.
Por fin me di cuenta de que ahora quiero dedicar toda mi energía y tiempo a cuidarme y recuperarme, con paciencia y amor; y no estar frustrándome cada poco por no haberme recuperado lo suficientemente rápida para volver al pie del cañón. Hice un «click» interior… y me puse manos a la obra.
Ahora estoy delegando todas mis funciones de la formación de comadronas a otras compañeras y está siendo un alivio. Porque ya no tengo que estar mejor en unos meses y seguir encargándome de todo, ahora me recuperaré a mi ritmo, y si no me recupero no pasa nada.
Es un duelo muy grande para mí decir adiós a toda la ilusión que tenía puesta en mi carrera profesional. Y a la vez es una liberación. La suerte que tengo es que este proceso de la motoneurona me da el tiempo que necesito para ordenar mi vida.
Y justo cuando renuncio a mi pequeña fuente de ingresos y me quedo con una mano delante y otra detrás, aparecen personas maravillosas dispuestas a ayudarme económicamente para que yo pueda seguir mis tratamientos. Tras experimentar un gran dolor, ahora me siento libre y agradecida.
Hoy es el mejor día.
Y si puedes, ve a ver la película «Matronas», de Léa Fehner, estrenada el 2 de Agosto.
