Una almita tenía miedo de bajar a la Tierra. Sus maestros le dijeron – ves que disfrutarás mucho, podrás ser muy feliz y experimentarás muchas cosas. Vale la pena. Pero ella no estaba segura, estaba bien allí y no le apetecía olvidar tanta felicidad y amigos por un tiempo. Los maestros le dijeron: vale pues haremos un plan. Te acompañará uno de nosotros por un tiempo hasta que te quedes en el cuerpo, y luego te pondremos un dispositivo de autodestrucción del cuerpo físico para que cuando no puedas más lo actives y puedas volver a casa.
La almita, más tranquila preguntó: Oh, qué bien, y… ¿cómo activaré ese dispositivo si no recordaré nada?
No te preocupes – le dijeron – se activará sólo cuando tengas mucho estrés y rabia. Ese será el indicador de que no estás a gusto ahí abajo, y el dispositivo se activará sin dudarlo para ayudarte.
La almita vivió media vida humana, no recordaba nada, no sabía que uno de sus amigos había viajado con ella en el útero de su mamá por unos meses y luego se desvaneció cuando ella ya se había estabilizado en la gestación. Como no entendía nada creció y vivió sintiendo que le faltaba una mitad y eso le generó mucha angustia y tristeza. Buscaba en otros seres esa parte que le faltaba y nunca se sentía completa. Le parecía injusto y comenzó a enfadarse con el mundo. Pero también descubrió cosas fascinantes y vivió emociones intensas y mucha alegría y felicidad alternada con tristeza y ansiedad. Cuando fue madre sintió una gran felicidad, estaba más cerca de sentirse completa, pero también se sintió desbordada. Más que nunca se sintió como si no perteneciera a aquel mundo y comenzó a sentir un gran estrés y enfado contra muchas cosas y personas. Un día se dio cuenta de que tenía una enfermedad que la llevaría a la muerte en poco tiempo, pasando por una derrota física importante que la incapacitaría. Ella pensó que no podía ser, que sólo había vivido la mitad de su vida y que le faltaba ver crecer a sus hijos, llegar a ser anciana y aprender muchas más cosas de aquel mundo fascinante.
Encontró un chamán, un hombre sabio que le ofreció hacer un viaje interior para hablar con la almita que animaba aquel cuerpo. Ella sintió que no tenía nada que perder y conversó con su almita. La almita y ella eran lo mismo, y en cuanto se conectaron fue consciente de todo lo que había pasado. Le dijo al chamán: quiero hablar con mis maestros. Y el chamán preparó todo para que sus maestros vinieran a hablar por un breve tiempo con la almita.
Ella les dijo: maestros, ahora tengo pareja, hijos, vocación, una vida maravillosa. Se me ha activado el dispositivo de autodestrucción porque no entendía nada, pero yo ahora me quiero quedar la otra mitad de vida que me queda en la Tierra, por favor.
Los maestros discutieron entre sí unos momentos y luego le dijeron: tendrás que desactivar tú el dispositivo, ya que si cambiamos la configuración ahora, eso te destruiría. Será un trabajo arduo. Tendrás un ayudante, ya sabes, tu amigo que te acompañó un tiempo se ofrece para darte apoyo desde arriba. También encontrarás personas que podrán ayudarte a desactivarlo utilizando formas de sanar el cuerpo. Y por supuesto, cuenta con nosotros cuando quieras, ya sabes como comunicarte con nosotros. Respetaremos tus deseos aunque vivirás lo que te toque vivir y morirás cuando te toque morir, como los demás, sin garantías.
¡Sí, quiero! – la almita vio un momento a su amigo y se abrazaron, luego se despidió de sus maestros y les dijo a todos: ¡hasta dentro de un tiempo! pero no pronto.
Y colorín colorado, este cuento no se ha acabado. Falta la mitad, y a la vez, está completo.

Brillante como siempre Mireia
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