He embarcado en esta misión ocultando mis verdaderos motivos. Mis investigaciones no me llevaban a ninguna parte y durante uno de mis momentos de duermevela tuve una revelación: la misión a Próxima Centauri podía ser la solución a mis problemas. Así que me preparé, pasé por delante de mis colegas y llegué a falsificar algunas pruebas físicas. Es maravillosa la condición humana; no me ha costado un gran esfuerzo disimular mis síntomas incipientes porque cada uno está demasiado preocupado con sus propios problemas y nadie tiene tiempo de imaginar que otra persona también los tiene.

La misión consiste en valorar las condiciones para comprobar la habitabilidad de Próxima Centauri B, el planeta que orbita alrededor de la enana roja que le da el nombre. Mi equipo se sorprendió de que de repente me aliase con ellos en el proyecto, ya que siempre he sido una detractora de colonizar un planeta expuesto a explosiones y radiaciones que erosionan su atmósfera. Fue fácil convencerles de que había cambiado de parecer elogiando sus investigaciones, aunque sigo pensando que es descabellado… pero la misión ha sido mejorada ya que ahora exploraremos otros planetas y satélites que han sido descubiertos recientemente, eso es lo que más ansío.

Hay algo en Alfa Centauri que me atrae de forma irracional, contemplo las órbitas de sus tres estrellas danzando mágicamente en equilibrio y me hipnotizan. Es el sistema vecino, el más cercano al sistema solar. Tan sólo vamos al pueblo de al lado… A 4 añitos luz de distancia se podría decir que está a la vuelta de la esquina.

Ya que ahora podemos viajar en pocas semanas y no en varios años como hasta hace poco, creo que vale la pena probar este experimento conmigo misma que es mi verdadero objetivo. Tengo una oportunidad, y la voy a aprovechar.

No puedo describir mi emoción al llegar cerca de próxima centauri B y volar hasta el planeta a velocidad de crucero. Se me sale el corazón del pecho, siento un placer indescriptible en todo mi ser, puedo ver el planeta iluminado tenuemente y al fondo la estrella rojiza, puedo ver una de las gemelas desde donde estoy ahora, puedo ver un cielo nuevo, puedo sentir un miedo profundo como de desarraigo total mezclado con la fascinación más genuina y salvaje. Por un momento siento que nada de lo que me pueda pasar es importante, que si muero ahora mismo ha valido la pena para llegar a contemplar esta maravilla y llegar a estar entre los primeros seres humanos que viajan a Alfa Centauri. Tras un momento de éxtasis y conexión con toda la humanidad a través de los tiempos para culminar en este preciso instante… siento que el viaje me pasa factura y me veo obligada a disimular mis espasmos ante la tripulación. «No por mucho tiempo más», me digo a mí misma.

Observo mis pies calzados con el traje espacial tocando una arena húmeda entre rocas verdosas, unas montañas al fondo con un cielo oscuro y un sol rojizo que nunca se pone, aparece una estrella muy luminosa tras las montañas y se eleva en el cielo, más tarde aparece otra casi igual pero más grande, casi como otro sol. Y se ve entre todas las estrellas y la via láctea un diminuto puntito luminoso, una estrella conocida, el Sol, nuestro hogar. Tan lejano que me invade la sensación de vértigo y una vocecilla interior me dice «¿pero dónde diablos te has ido?». Llevo tantas horas contemplando el cielo y mirando hacia próxima centauri fijamente (con el cristal de protección) que he olvidado beber, comer, moverme.

De pronto tengo frío, todo está muy quieto, ¿se ha detenido el tiempo o qué? Y por fin ocurre el evento que yo estaba esperando.

Una luz cegadora anaranjada se expande por el cielo, como si fuera una aurora boreal mucho más intensa y que se convierte en una especie de tormenta de luz, se levanta un viento helado y me arrolla con la arena. Suerte que mi traje me protege, voy a parar debajo de la nave donde aguarda el resto del equipo y por fin conecto el comunicador y pido que me dejen volver a entrar.

Alarmados me dicen que podría haber muerto, que de hecho hacía horas que me buscaban y temían lo peor. Yo no puedo hablar, estoy aturdida. Ellos creen que es por la exposición a la radiación de la tormenta solar, y quizás tienen razón; pero yo he tenido una experiencia que todavía no sé explicar durante la explosión estelar y no puedo ni siquiera mirar a nadie. Siento que mis ojos y mi alma ahora sólo pueden mirar hacia dentro, ¿cómo voy a explicarles algo así? Me dejo hacer, me llevan a la enfermería de la nave y oigo suaves pitidos de un monitor que se empeña en expresar que mi cuerpo sostiene la vida a pesar de todo. Noto que me han puesto unos apósitos húmedos en los ojos y me parece muy adecuado, ya que después de lo que he visto ahí fuera creo que necesitaré un tiempo para volver a mirar nada más, mi ser está lleno de las imágenes espectaculares que he visto, no me cabe más.

Los primeros días creía que había empeorado: agotamiento extremo, no podía sostener ni el vaso de agua para beber, y menos aún tenerme en pie. Seguía sin ver nada nuevo, pero con los ojos cerrados veía continuamente el fulgor anaranjado de la tormenta luminosa de la estrella. Y el recuerdo eufórico de lo que había experimentado me embriagaba.

¿Cómo explicarlo? ¿Cómo podrías creerme si te dijera que en el espacio de unos minutos experimenté una eternidad? Quizás el campo magnético alteró mi percepción del tiempo o quizás tuve una experiencia extracorpórea, o espiritual. Algo ocurrió que durante esos minutos sentí que aparecía un ser luminoso que se comunicaba conmigo mentalmente, ese ser tenía un ojo muy grande en el centro de un rostro indefinido y brillante, así que pensé que se trataba de una representación de mi mente de algo mucho más místico de lo que yo podía percibir. Ese ser me mostró una imagen como de escaneo de mí misma y me señaló las zonas de mi cuerpo donde había inflamación y enfermedad. Fue como explorar un mapa, me explicó todo lo que estaba siendo afectado y el por qué. Después me mostró cómo la radiación gamma combinada con otras radiaciones de aquel sistema que estaba recibiendo mi cuerpo en esos momentos mientras hablábamos iba a modificar lentamente el campo magnético de mis neuronas motoras, células gliales, astrocitos, etc. y desaparecería la causa de la muerte de células nerviosas que daba lugar a la atrofia muscular entre otras cosas. Comprendí todo en aquel momento. El por qué, el cómo, la solución de esta enfermedad. Todo el conocimiento estaba a mi alcance. La sensación era de claridad, de revelación esencial… ¿por qué demonios ahora no puedo recordar ni procesar toda aquella información? Sé lo que sentí, más no logro recordar todo lo que comprendí. ¿Volverá poco a poco o quizás era superior a mi capacidad y está de nuevo fuera de mi alcance? No puedo permanecer en un éxtasis místico para averiguarlo, tendré que esperar a que mi cuerpo lo manifieste.

Cuando por fin puedo andar y ver luces y sombras hablo con el equipo y me ponen al día. La expedición ha sido un éxito, gracias a la tormenta solar han podido averiguar cómo afectan la radiación y los cambios en la atmósfera al planeta de primera mano y han explorado zonas prometedoras. Al parecer hay un sistema bajo tierra de cuevas con agua que serviría como protección en caso de necesitar un refugio temporal. Todavía hay mucho que estudiar pero ante el riesgo que representan las radiaciones aquí nos vamos a Alfa Centauri BB a orbitar unas semanas y enviar una sonda y después de vuelta a nuestro barrio. Me despido de las vistas de Próxima Centauri B desde el interior de la nave, pues ya no tengo autorización para salir. Sin embargo siento algo nuevo dentro de mí. Una sonrisa gigante en mi corazón… o en mi estómago no sé. Algo muy dentro y muy profundo ha cambiado, siento una ligereza, algo se ha liberado. Siento que está todo bien.

A los pocos días ya veo bien y desempeño mis tareas de investigación examinando las muestras geológicas que hemos recogido del planeta.

Estas semanas orbitando Alfa Centauri BB podrían haber sido aburridas, para mí han sido como un regalo, unas vacaciones con vistas espectaculares. Nadie del equipo se puede creer que esté tan sana tras la exposición a la radiación, de hecho no recordaba que se podía estar tan bien, ya que llevaba tanto tiempo con síntomas que ni me acordaba de la normalidad. Ahora doy paseos largos por la nave, voy al gimnasio y puedo aguantar toda la jornada sin tener que tumbarme cada dos por tres. Una compañera dice que quizás me han reemplazado por un robot, otro dice que un alienígena ha tomado mi forma, y nos reímos. ¿Te puedes creer que una parte de mí ha tenido un momento de espanto al pensar que la bromita podría ser verdad?

Pero todo esto se me ha pasado de golpe cuando he recordado a los míos, a mis padres, mis hermanos y hermanas, a mi marido y a mis hijos. Sigo siendo yo, y formo parte de su mundo y ellos del mío. Esta misión sólo dura unos meses y luego estaré con ellos en casa y con toda la vida por delante.

Cuando emprendemos el regreso al Sistema Solar ya tengo unas ganas tremendas de volver.

¡Volvemos a casa!