En verano de 2018 tuve una revelación: estaba demasiado gorda. La excusa era el postparto, pero ya no colaba. Un día comí pizza, me sentó fatal, me pasé la noche vomitando y me puse a buscar en redes sociales una solución. Encontré un método para adelgazar muy económico y que parecía hecho a mi medida: haz ejercicio con tus hijos pequeños, come sano y sigue el programa de 8 semanas. Ya no entró nada engordante por mi boca a partir de ese momento. Fue brutal, en 3 meses perdí 25 kilos, no exagero. Realmente funciona si lo sigues al pie de la letra. Y cuando hago algo… ¡lo hago bien!

Si hubiera sabido que ya tenía la motoneurona chunga no hubiera podido hacerlo, claro. Fue beneficioso en el sentido de que recuperé algo de masa muscular (llegué a hacer 100 o 200 sentadillas al día pero al principio no podía ni hacer una de lo fofa que estaba) y caminar con 5 garrafas de agua menos es mucho más fácil.

Ahora me doy cuenta de que también salí perdiendo en algunas cosas. Mi cara rechoncha era perfectamente simétrica (a excepción de una pequeña desviación de la nariz por un golpe en la infancia) y tras adelgazar noté que tenía asimetría, una mejilla más plana que la otra. Pero no le presté mucha atención. También noté mucha debilidad en el tórax y abdomen que antes no tenía y me hartaba de hacer ejercicios de core sin resultados. Fue a partir de adelgazar tanto cuando empecé a notar los problemas para hablar.

En el confinamiento recuperé algunas lorzas y luego tuve altibajos pero notaba que me costaba más bajar de peso aunque hiciera dieta y ejercicio; yo quería perder los 5 o 6 kilitos que me sobran ahora para tener menos dificultad al caminar por ejemplo.

Estaba harta de esforzarme tanto en adelgazar hasta que hace un mes me dijo el neurólogo: “sobretodo no te adelgaces, come todo lo que quieras”. Me quedé estupefacta, toda la vida viviendo rallada en una eterna «operación bikini», y ahora resulta que… ¡viva la Pepa! jajaja.

Perder peso puede acelerar la evolución de la enfermedad. Ahora esos kilitos de más son mis “salvavidas”, jeje, como del muñeco michelín. De momento estoy manteniéndome aunque ya estoy viendo que algunos kilos se quieren ir para no volver. Qué ironía de la vida que ahora me tenga que preocupar de lo contrario.