Nota: esta historia está basada en la saga de novelas de Harry Potter por J. K. Rowling. Agradezco a la autora crear un mundo mágico que da mucho de sí. Es fantasía y ficción, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Llevaba tanto tiempo esperando comprender la causa de mi enfermedad, llamada de motoneurona, y en cambio hoy no tenía ningunas ganas de entrar en el despacho de mi sanador, para sacudir aún más todo lo que estaba causando un caos tan desmesurado en mi interior. Anne parecía leer mis pensamientos ya que comenzó a insistirme en acompañarla en un tono como se suele hablar a los niños pequeños para motivarlos. Una vez todos reunidos allí me preguntaron cómo me encontraba. No sabía muy bien qué contestar.
«Todavía estoy descolocada, y muy cansada… y rara como si hubiera tenido fiebre…»
«Es que has tenido fiebre estos días querida» contestó Helga mirándome con sus ojos negros penetrantes. «Tenemos que hablar de muchas cosas, así que por favor pregunta tú primero…»
«¿Soy la última con la maldición ¿verdad? No le puede afectar a mis hijos ¿verdad?»
«Efectivamente – respondió ella con seguridad. – no debes preocuparte por ellos». Asentí aliviada.
«Me gustaría no creerme la historia de la maldición, pero lo viví, lo sentí y mi intuición me dice que es cierto.» me incliné sobre la mesa para acercarme más a ella. «Quiero saber qué ocurrió entre estas dos mujeres, qué le hizo y por qué la mató aquella mala…»
Ella me detuvo levantando la mano y diciendo «¡Para! no es tu lugar juzgar a aquella mujer».
«Pero ella… por su culpa estoy así, apenas puedo andar, ni hacer nada, me cuesta hasta hablar…»
«¿Lo ves Mireia?» me interrumpió, y habló con voz severa. «Conocer los detalles sólo hará que te pongas a juzgar a una o a otra, que tomes partido. Eso sólo puede empeorar la maldición. Para mejorar un poco tu calidad de vida debes comprender más allá de lo que ocurrió.»
Me quedé callada pero para mis adentros pensé: «si si, lo que tú digas, pero soy descendiente de una hija de puta y lo sabes…»
Seguidamente pensé: «un momento, ¿ha hablado de mejorar?» y dije en voz alta: «Entonces, ¿se puede curar la maldición?»
Tanto Helga como Soren negaron con la cabeza.
Me explicaron que esta magia, la maldición de 7 generaciones, es muy antigua y que nunca se ha podido liberar a las personas malditas. Al ser algo que invoca una bruja o mago poderosa justo antes de morir con violencia, con emociones muy intensas de odio y rabia, tiene demasiado poder. Sólo una bendición con igual fuerza podría mantener a raya la maldición.
«Mmmm…» dije yo pensativa «¿una bendición como la de Harry Potter, la que le dio su madre al morir?»
«Sí, algo así» Dijo Soren. Se levantó y se puso a dar vueltas por el espacioso despacho, pensativo. «No sabemos si tú tienes alguna protección del estilo, podría ser que tu madre te hubiera conferido algún tipo de protección, es una suposición, por el brillo que tenía su burbuja…».
«Pues no funciona muy bien, porque mira cómo camino sin los bastones…» Y me levanté costosamente, comencé a caminar de un extremo a otro del despacho penosamente y muy despacio.
Helga chasqueó los dedos y exclamó «¡Eso es!» y dirigiéndose a mí me propuso: «Querida, ahora te pido que camines repitiendo una frase: «Mi antepasada era mala, una asesina».
Le obedecí, caminando lentamente, y al pronunciar aquella frase mis rodillas apenas me sostenían y me encorvaba hacia adelante. Me costó llegar al otro extremo de la habitación buscando con mis manos apoyo en los muebles. Entonces me pidió que ahora caminase diciendo en voz alta: «Mis padres me protegen». Rehuyendo la sensación de estar haciendo el ridículo, lo hice. Noté que podía erguirme de nuevo y moverme un poco mejor, incluso más rápido, dentro de mis posibilidades.
Anne tomaba nota fervientemente de todo, y los sanadores me observaban con interés.
Al fin Helga habló: «Mireia querida, esto que hemos visto ahora es algo muy natural. Cuando rechazamos nuestro origen empeoramos, cuando pedimos ayuda a los ancestros nos colocamos en nuestro lugar, y el cuerpo puede funcionar mejor.»
«Igualmente no se puede curar, por eso las pociones no me hacen efecto, ni los hechizos, ni mejoro con los ejercicios, ni la dieta…» Me quedé cabizbaja y desanimada.
«Cierto, curar no.» Intervino el sanador Weiss «Vamos a valorar aquellas funciones que podemos mantener mejor, dejaremos las pociones potentes y sólo tomarás pociones reconstituyentes; recibirás sesiones de unguentos dos veces por semana. Los ejercicios serán necesarios para el mantenimiento muscular, claro.»
Les dije que si no podían hacer nada más prefería volver a mi país, con mi familia. A lo que Helga objetó: «Alto, primero quiero probar un par de cosas». Me indicó con gestos que me sentara frente a ella, me ofreció una taza de té y me dijo «Tranquila, pronto podrás volver a casa con un tratamiento de mantenimiento, sólo te pido que te quedes dos días más para que podamos hacer algunas pruebas y ver si podemos cambiar algo. ¿Necesitas tiempo para pensarlo?»
«¡No! ¡Sí! Es decir, quiero probar lo que sea.» le dije yo emocionada «Sanadora Hatathli, yo ya sabía que esto no tiene cura, en su momento ya acepté que iba a morir, y he venido hasta Londres para buscar algo excepcional que me pueda ayudar. Me quedaré los días que me pidas si crees que podemos hacer algo».
«Maravilloso» respondió ella «entonces vamos a hacer un pequeño ejercicio ahora».
Pidió a Soren una pluma y un pergamino y él con su varita los hizo aparecer sobre la mesa. Entonces ella dibujó una serie de círculos alineados que iban de grande a pequeño. Había 8. En el pequeño escribió la letra M. Me pidió que mirase el círculo de al lado. «Esta es tu madre. Hace un momento has experimentado que necesitas sentirte protegida por ella. Eso lo tenemos en común todos los seres, necesitamos el amor de nuestros padres. ¿Me sigues?».
Asentí. Entonces ella señaló al círculo anterior, ligeramente más grande. «Ella fue la madre de tu madre…»
Yo le interrumpí «También tuvo la maldición».
«Sí, respondió pacientemente, pero ante todo era la madre de tu madre. Tu madre la llamó mamá, y necesitaba que la abrazara y la cuidara… lo entiendes?»
Me quedé pensando, nunca había imaginado a mi madre como una niña pequeña. Me la imaginé llorando por un golpe en la rodilla y su mamá, es decir mi abuela, le daba un besito y le decía «sana sana, curita de rana…» Y me sentí más cercana a ellas. Asentí.
«Ahora, vamos a este círculo mayor, tu bisabuela. ¿Te puedes imaginar a tu abuela de niña necesitando a su mamá? ¿Y te puedes imaginar a tu bisabuela de pequeña?».
Finalmente llegamos a la tatarabuela que tenía como madre a la que yo veía como la asesina culpable de mis males. Pero Helga me hizo ver a aquella mujer que había hecho algo tan cruel, como a una madre que cuidó a su hija. En mi imaginación aquel rostro arrogante se transformó en una mujer gritando con el dolor del parto, entregando su pecho a su bebé, protegiendo, alimentando y abrigando tal como yo hice con mis hijos.
«Era una madre como yo» dije con la voz medio rota. Sentí un remolino en mi interior, se me estaban desmontando muchas cosas que había dado por sentadas.
«Maravilloso querida,» dijo ella visiblemente satisfecha. «Ahora ves a descansar, y Anne te dará las nuevas indicaciones».
Estaba tan cansada que apenas comí algo que me trajo Anne y me dormí profundamente. No sabía por qué pero ahora no me pesaba tanto la revelación de que fuera mi antepasada la mala de la película. Ahora me parecía un poco exagerado haberme hundido tanto por ello durante tres días. Soñé que volaba en escoba como en los viejos tiempos en Hogwarts, y junto a mí volaban niñas y ancianas con túnicas blancas.
Al día siguiente me levanté con más energía, me arreglé un poco para subir a la cafetería, ya que a partir de ahora podía comer lo que quisiera. Ventajas de estar maldita. Así que pedí un chocolate caliente y unas pastas de calabaza y un elfo doméstico me llevó todo a una mesa cercana a unos ventanales majestuosos. Entraba la luz del sol y el ambiente era tranquilo, cálido y agradable. Oía pajarillos y entraba olor a flores del parque. Me sentía más ligera, aliviada a pesar de que me habían dicho que no había nada que hacer. Me senté cómodamente, tomé un sorbo del chocolate y me salió un gran suspiro del fondo de mi ser.
Entonces alguien que pasaba junto a mi mesa me habló con voz teatral «¡Oh qué suspiro! Dichoso el amante…»
Me giré y vi a alguien conocido, un hombre de tez pálida y cabello negro y sedoso vestido con una túnica azul marino. Aunque me parecía demasiado joven para ser mi ex compañero de curso en Hogwarts… estaba igual, guapísimo el rufián; no había lugar a dudas de que era él. «¡Oliver! ¿Qué haces aquí?».
«Oh dios mío, ¿eres My Yeya?» Y sonrió como en un anuncio de dentífrico, madre mía ¿cómo se puede uno conservar tan bien? Me ruborizé al instante. Con lo capullo que fue conmigo en sexto, ahora me decía My Yeya y yo me sentía como una colegiala otra vez.
«Sí, soy yo, lo sé, he cambiado… tú en cambio estás igual de… ¡bien!» le dije titubeando «¿Cómo lo ha…?»
«Oh ¡cuánto me alegro de verte! Dame un abrazo, cuánto tiempo sin saber de tí…»
«Vaya como si te importara tanto…» pensé cínicamente mientras intentaba levantarme para darle un abrazo. La cosa salió mal, tropecé y casi me caigo. Él me sostuvo y me miró fijamente muy serio, me soltó: «Caray, ni que tuvieras una maldición, dulce. Dime, cómo es que estás aquí?»
Incómoda y resentida le espeté: «Ostia Oliver, los sanadores han tardado tres semanas en llegar a la conclusión de que tengo una maldición… y tú me ves y en un minuto…?».
Él se sentó a mi lado y sacó de su túnica una revista para adolescentes titulada «Cursed Today» (Maldiciones de hoy). «Estoy a la última, ¡jajaja!».
Esa risa tan atractiva, esos movimientos al apartar el cabello de su rostro, es imposible que tenga 46 tacos como yo, pensaba. Y sólo podía recordar aquella vez que nos enrollamos en los baños de prefectos en Hogwarts… ¡Brrr! sacudí la cabeza e intenté centrarme en el presente.
«Oliver, ¿trabajas aquí? ¿Estudiaste sanación?» le pregunté fingiendo interés en el logo de su túnica, que tenía un hermoso dragón bordado en azul y rojo.
«Estudié magia estética…» y se apartó el cabello con vanidad y encanto al decirlo «pero luego me enamoré de una profesora en la academia de sanación y ahora trabajo en un centro de desintoxicación de adolescentes en Yorkshire, es muy divertido y los chavales me pasan estas revistas que enganchan un montón…».
Me dio un ataque de risa. No podía parar de reír a carcajada limpia, hasta que me dio un espasmo en las costillas y casi me ahogo. «Relaxio» dijo él agitando su varita hacia mi costado, y luego protestó ofendido «Eh ¿de qué te ríes?»
«Tío, gracias – jadeeé yo respirando de nuevo – es que tiene mucha guasa que ahora trabajes desintoxicando chavales… ¡jajaja! Anda que en los 90…»
Me venían a la memoria varias anécdotas de Hogwarts en las que el popular Oliver Prince no mostraba ninguna aversión por las sustancias adictivas precisamente.
Nos reímos los dos más calmadamente que antes, vi que él había aprendido a reírse de sí mismo y en seguida me sentí más cómoda en su presencia. Los dos habíamos vivido muchas cosas por separado, no estábamos congelados en el pasado. Me relajé y tuvimos una agradable conversación.
Cuando volvió a salir el tema de mi maldición, él me dijo: «no soy experto en maldiciones pero si quieres podemos ir a consultar en la biblioteca de aquí, de St Mungo’s…»
«¿Biblioteca? Uau llevo un mes aquí y no se me había ocurrido ir, ni sé dónde está».
«Bueno, es sólo para los empleados. Como trabajo en el sistema mágico de salud tengo autorización. Te puedo llevar de acompañante. ¿Quedamos a las dos? Ahora voy a la conferencia de una gran sanadora extranjera, por eso he venido hoy desde Yorkshire.»
«Déjame adivinar, Helga Hatathli, de Ilvermorny.» Debí pensarlo, claro, ya que estaba aquí podía dar conferencias y clases, cómo me gustaría ser empleada aquí y escucharla. «Luego me lo cuentas todo ¿eh?»
«Qué bien informada My Yeya, no esperaba menos de una Ravenclaw». Nos despedimos y me quedé tomando mi chocolate. Se había enfriado pero saqué mi varita y lo calenté de nuevo. «Mmm…, que bueno que está». Y reí para mis adentros.
Decidí salir a dar un paseo, ya que aquí en Londres es excepcional tener un día soleado. Hoy no tenía sesión de ejercicios debido a que la sanadora especialista también estaba en la conferencia. Pensé que si debía caminar siempre diciendo en voz alta por la calle que mis padres me protegen parecería una lunática. Sin embargo me sentía más ligera. Ciertamente, algo que ninguna poción había logrado hasta ahora, me ayudaba a moverme un poco mejor. Aunque como me entusiasmé y caminé muy lejos acabé agotada y tumbada en la cama otra vez. Aproveché la salida para llamar a mi familia y avisarles de que pronto volvería a casa. También envié una lechuza desde el hospital para explicar a Angie cómo me había ido y que me marchaba pronto de vuelta a Cataluña.
Fui a comer a la cafetería, donde compartí mesa con dos mujeres ancianas que llevaban turbantes blancos, me explicaron que habían usado una loción para rejuvenecer el cabello y les habían salido gusanos en lugar de cabellos, y encima eran dolorosos de arrancar. Una de ellas se levantó el turbante para enseñarme las vivarachas criaturas, y tuve que echar mano de mi estómago de enfermera para no echar toda la comida. La otra me dijo entre risillas que tranquila, no es contagioso. Por suerte vi a Oliver llegar y lentamente me levanté y me despedí de las señoras.
Oliver no comentó nada al verme caminar con los bastones, como si fuera lo más normal. Me dirigió hacia un pasillo nuevo donde ponía «STAFF» y que llevaba a la tan esperada biblioteca. Por dentro estaba muy emocionada, mis ojos chispeaban deseando ver todo el conocimiento a mi alcance, tanto que no había prestado atención a su parloteo.
«… y al final le metieron en la cárcel, mira que se lo había advertido.» explicaba él.
«Oh, eso es terrible» repliqué disimulando que no sabía ni de qué me estaba hablando.
«¿Terrible? Es lo mejor que podía pasar, el tío era un peligro para los alumnos de Hogwarts»
Oh qué incómoda estaba yo sin saber de qué estaba hablándome. «¿Cómo salgo de ésta?» pensé.
«¿Has estado en Hogwarts hace poco?» le pregunté.
«¿Cómo lo sabes?» Y su cara se iluminó con orgullo «Sí, he estado la semana pasada, dando charlas de prevención a los chavales…»
«Uau, a nosotros no nos daban esas charlas ¿eh?» dije aliviada «Cómo han cambiado las cosas».
«Ni te imaginas» contestó dándose aires de importancia.
Entramos en la biblioteca y me pareció más pequeña y austera de lo que en mi imaginación había recreado en las últimas horas. Igualmente tenía libros, pergaminos e incluso esferas de cristal con audiovisuales. Esto era nuevo para mí y me puse a activar todas las esferas que veía en las estanterías. Por suerte había poca gente. Fuimos a buscar libros sobre maldiciones y Oliver me pasó un tomo titulado: «Tipos de maldiciones» y comenzó a hojear.
Le expliqué qué tipo tenía yo y me pasó otro libro muy grande: «Maldiciones históricas». Comencé a hojearlo y Oliver exclamó: «Anda mira, ¡habla del Barón Sanguinario! Ese está en Hogwarts, el fantasma, le saludé el otro día cuando volví a mi sala común…»
«Veamos…» Y nos pusimos a leer el capítulo del libro, que nos reveló la historia de la muerte de Helena, la hija de Rowena Ravenclaw, fundadora de Hogwarts hace más de 1000 años. Todos conocíamos la triste historia del robo de la diadema, el asesinato de Helena en Albania a manos del Barón Sanguinario, y el posterior suicidio de éste. Lo interesante era que explicaba que Helena le lanzó una maldición de 7 generaciones al Barón justo antes de morir, la primera registrada en los anales de las maldiciones, y que como el Barón murió sin descendencia poco después, la maldición se manifestó en un sobrino suyo que nació después. Seis generaciones de varones que al llegar a los 35 años enloquecían y aullaban supuestamente de dolor durante años hasta morir. En el libro aparecía un grabado antiguo horripilante de un hombre con la boca muy abierta y los ojos desorbitados.
Después explicaba que la maldición dejó un rastro en el lugar de lo ocurrido, ese rastro permitió al Señor Oscuro (es decir Voldemort) encontrar la diadema de Ravenclaw a pesar de estar oculta en Albania.
«Uau Oliver, esa parte de la historia no nos la contaron, ni siquiera el profesor Flitwick a los de Ravenclaw.» dije pensativa.
«Seguro que el Barón no fue muy gentil con su amada Helena, más bien se presume que la intentó forzar y como no se dejó, la mató. ¿Cómo si no ella le lanzaría una maldición tan fuerte al morir? Y parece majo el fantasma…»
Seguimos leyendo y aparecieron un montón de historias medievales en las que un caballero muggle o un mago abusaba de una bruja y la asesinaba y ella le lanzaba la maldición en el momento culminante de su sufrimiento, por ejemplo en la hoguera. Aparecían registros de enfermedades degenerativas y muy agresivas sobretodo en los varones, y sólo cuando en una generación sólo había hijas enfermaba una mujer.
«Espeluznante» me estremecí. «Empiezo a pensar que los muggles también pueden maldecir, hay tantas enfermedades inexplicables y a la vez tanta violencia de género… Pero en mi caso al parecer una mujer maldijo a otra mujer, parece diferente ¿verdad?»
Me sentía bastante perdida. Había sido fácil encontrar la información que buscaba, pero no me resolvía nada. «¿Cómo puedo deshacer la maldición?». Y metí la cara entre mis manos, con un gesto de desesperación.
«Con amor» dijo Oliver, con su tono teatral de voz.
«Ha – repliqué yo irritada – ¡venga ya Oliver, menudo eres tú para hablarme de amor a estas alturas!» Una parte de mí seguía enojada por la decepción al verle enrollándose con Betty en la torre de astronomía cuando se suponía que estábamos saliendo él y yo, todo esto hace tropecientos mil años, claro está…
«Jajaja» rió él, y agitando sus manos dijo «No no, ¡no es eso! Me refiero a Dumbledore.»
«No te sigo» le respondí poniendo los ojos en blanco.
«Dumbledore siempre decía que todo se solucionaba con amor.» Dijo él acercando su cara a mí con una expresión apasionada que lo hacía verse aún más guapo, así que le presté atención encantada. «Él lo decía con muchos significados aunque los de Slytherin siempre pensábamos que chocheaba. Pues resulta que hoy Helga en su conferencia ha mencionado a Dumbledore como si fuera el padre de sus conocimientos, y ha dicho que la solución a las enfermedades con origen en los ancestros es el amor.»
«¿En serio? Pues estoy jodida, porque no puedo viajar al pasado y repartir amor a mis antepasados…» dije yo. Estaba muy confundida entre la idea de que Helga era una flipada y estaba perdiendo el tiempo con ella y a la vez una gran admiración por ser una discípula del mejor mago de todos los tiempos.
«Mira My Yeya, mañana dará otra conferencia y hablará sobre ello. Si quieres puedes venir conmigo». ofreció guiñándome el ojo de forma irresistible.
«Genial, Oliver, nos vemos mañana pues. Ahora tengo sesión con mi sanador» dije mirando un reloj de la biblioteca e intentando parecer impasible a sus encantos.
Fui a tomarme la poción nueva que me había recetado y noté un sabor como de ciénaga (aunque nunca he bebido de una). Anne me vino a buscar a la habitación y fuimos al despacho del sanador Weiss. Allí me hicieron el chequeo y noté cómo las lucecitas anaranjadas aparecían en mi abdomen y otras partes del cuerpo con un ligero calorcillo como siempre.
Les pregunté si había alguna novedad. Anne parecía sorprendida. Dijo «Mira Soren, ¡hay menos inflamación aquí!» Yo levanté la cabeza intentando ver donde señalaba. Parecía en la zona del hígado. El resto de luces seguían bastante igual. Soren le contestó: «Sí, pero mira esta zona, y ésta…» y señaló con su varita a mi cuello y mi cabeza. Mientras yo comenzaba a inquietarme entró la sanadora Helga y de una mirada captó todo y dijo: «Era de esperar Soren, está reaccionando».
Aunque estaba un poco asustada esperé pacientemente a que terminara el chequeo y que me explicaran todo.
Vocabulario mágico
St Mungo’s: hospital para heridas y enfermedades mágicas que se encuentra en Londres y al que acuden los magos y brujas del Reino Unido.
Muggles: personas no mágicas.
Hogwarts: escuela de magia a la que acuden magos y brujas de entre 11 y 18 años. Equivalente a ESO y Bachillerato. Se encuentra en Escocia.
Ilvermorny: Escuela de magia equivalente a Hogwarts en Massachusetts, Estados Unidos de América.
Elfo doméstico: seres bajitos y serviciales que aparecen en la historia de Harry Potter.
Voldemort: Mago oscuro muy poderoso que provocó dos guerras mágicas en Reino Unido entre los 70 y los 90 hasta su muerte en 1998.
Dumbledore: Albus Dumbledore fue un mago muy poderoso con una gran trayectoria que trabajó como director de la escuela Hogwarts entre 1960 y 1997.
Ravenclaw: Una de las 4 casas de alumnos de Hogwarts en la que suelen entrar los alumnos intelectuales y apasionados por el conocimiento.
Slytherin: Otra de las 4 casas de alumnos de Hogwarts en la que suelen entrar los alumnos ambiciosos y con liderazgo.

Uauuu el relato está super interesante¡¡¡
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Me encanta @motomireia todo el mundo mágico y la manera tan bonita en la que lo narras. Tienes un don amiga. No lo dejes. El mundo se merece leer historias tan bonitas y disfrutarlas como ya hacemos algunos. Vuela @motomireia , vuela como solo tu sabes hacerlo amiga.
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Gracias! Yo misma estoy sorprendida, quería escribir un relato en 2 o 3 capítulos y se me ha ido de las manos, ya tengo 6 o 7… jajaja. Me alegro de que te guste.
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