Nota: esta historia está basada en la saga de novelas de Harry Potter por J. K. Rowling. Agradezco a la autora crear un mundo mágico que da mucho de sí. Es fantasía y ficción, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Aquella semana estuve tan ocupada en St Mungo’s que no me daba tiempo de aburrirme. El sanador Weiss y su aprendiz Anne estaban empeñados en encontrar la causa y la cura de lo que me ocurría y yo estaba dándolo todo. Me hicieron muchas pruebas, y me tomé una gran variedad de pociones. Una me sentó muy mal y empecé a vomitar como espaguetis naranjas y me salieron burbujas amarillas de las orejas, pero enseguida me dieron el antídoto y me recuperé en una tarde. Otra me dio super fuerza y levanté unas pesas de 100kg en el gimnasio de rehabilitación, pero duró sólo 15 minutos y luego estaba más hecha polvo que antes.

También tuve sesiones con otros especialistas, como un mago que buscó restos de magia oscura en mi cuerpo con unos cristales fulgurantes, pero no encontró nada (y parecía muy decepcionado). Me extrajeron unas gotas de sangre y las pusieron en unos artefactos que indicaban en luces de colores la variedad de componentes. Anne tomaba nota de los resultados con sumo interés, pero luego no entendí la explicación que me dio. Buf, tendría que estudiar aquí para comprender los datos que utilizan ellos, como el chequeo que me hacían cada tres días. Al parecer una de las luces naranjas que aparecía durante el escaneo mágico en mi abdomen había mejorado un poco. Soren dijo que era buena señal, aunque no con mucho entusiasmo.

«Sanador Weiss, -le dije – ya llevo una semana aquí, y no sé si tenéis más pruebas por hacerme, ni si tenéis a otros magos con la misma enfermedad.»

Él se quedó pensativo un rato y me dijo: «La verdad Mireia es que tenemos tan pocos casos que es difícil tener un protocolo. Te puedo decir que he observado que no suele aparecer en magos y brujas de sangre pura, y en cambio aparece más en personas con ascendencia mixta, muggles o magos y brujas que viven entre muggles. Ahora mismo no tenemos pacientes ingresados aquí con EMN.»

«¡Vaya! – exclamé – entonces podría tener que ver con algo que usan los muggles y los magos no… pero el móvil es un invento reciente y el profesor Stephen Hawking no estuvo expuesto.» me quedé pensativa mirando un retrato de una bruja anciana que llevaba un abanico azul y lo agitaba lentamente. No se me ocurría nada más.

«Cuando el profesor acudió St Mungo’s no supieron ayudarle de ninguna forma, hasta años más tarde, cuando consiguieron mejorar su estado general para que pudiera vivir más tiempo. Sin embargo no lograron revertir la atrofia muscular. Una vez perdida una capacidad no se puede recuperar, y aún no sabemos por qué. Lo que nosotros queremos es encontrar la forma de que no llegues a atrofiarte, y así no tengas dependencia total para vivir. Y también queremos encontrar la causa y así poder curarte, claro está.»

«Queremos lo mismo pues» dije yo asintiendo.

Soren siguió explicando: «He estado hablando con mi colega americana Helga Hatathli y me ha sugerido que probemos una cosa: una terapia que se llama magia ancestral, ella es experta y da conferencias por todo el mundo.»

«Uau, ¿eso es magia chamánica?» recordaba vagamente historias que me habían explicado de la magia americana. Me pareció una brillante idea y entusiasmada pregunté: «¿Y cuando empezamos?»

Soren sonrió visiblemente animado y me explicó que su colega viajaría la semana que viene hacia Londres ya que ella es una de las mejores brujas sanadoras del mundo y le encanta investigar. Cuando me di cuenta le había dicho gracias una docena de veces, y me emocioné bastante, ya que es un gran honor que una renombrada bruja de Ilvermorny atraviese el charco para verme a mí.

«Durante esta semana continuaremos con las pociones, ejercicios, ungüentos y además probaremos algo nuevo: los baños termales. El sábado te llevarán a Bath, puedes ir acompañada de tu familia.»

La verdad es que estaba disfrutando de mi estancia en St Mungo’s, era mejor que un balneario. Mi marido y mis hijos vinieron a visitarme el viernes y el sábado me acompañaron a los baños termales que me sentaron de maravilla. Los había echado tanto de menos, les expliqué todas las pruebas y tratamientos que me hacían aquí y que me tendría que quedar un tiempo más para averiguar cómo sanar. Pasado el fin de semana ellos tenían que volver a casa, ya que se habían terminado las vacaciones. Nos despedimos con muchos mimos.

Llegó el miércoles, yo llevaba ya casi dos semanas ingresada en St Mungo’s y mientras desayunaba vino Anne muy emocionada anunciando que había llegado la sanadora Helga Hatathli, que en unas horas me vería en el despacho de Weiss.

Tuvimos una agradable entrevista en la que le expliqué cómo me encontraba en aquel momento. Con más bienestar físico en general pero bastante nerviosa y preocupada porque el hecho de que no se viera mucha mejoría en el chequeo me angustiaba. Helga, una mujer alta y morena vestida con una túnica violeta y un chal muy colorido por encima y lo que me parecía el colmillo de un animal como collar, me preguntó sobre esa angustia.

«¿Dónde la sientes querida?»

Señalé la boca del estómago y ella puso su mano ahí y cerró los ojos. Al tocarme sentí como unos tambores que retumbaban dentro de mí, me asusté y me aparté sin querer.

«No temas, lo que sientes es normal. También el rechazo a afrontarlo». Eso me dolió, ¿cómo que rechazo a afrontar? ¡Si estoy aquí dándolo todo y enfrentándome a la enfermedad! Como si hubiera leído mi pensamiento me dijo: «Es inconsciente querida. Sé que tú quieres sanar, pero una parte de tu alma está deseando otra cosa, y ahora averiguaremos qué es.»

«¿Me dolerá?» y me di con la mano en la frente «Parezco tonta, qué pregunta tan ridícula…»

«Para nada querida – respondió Helga – de hecho es posible que te duela y mucho. Estás dispuesta?»

«¡Por supuesto!» dije poniendo cara de valiente y muy asustada por dentro.

Entonces con su varita Helga apartó todas las sillas menos la mía que permaneció en el centro conmigo sentada. Apartó la mesa y toda la habitación quedó espaciosa y vacía. Encendió unas velas, quemó unas hierbas que humeaban mucho y no sé qué más hizo porque me ordenó que cerrara los ojos. Empezó a cantar una frase corta en una lengua que yo no comprendía, y Soren y Anne se le unieron. Me pidió que cantara con ellos, aunque no supiera qué decían era fácil de imitar. Oía tambores al ritmo de la canción, o a la inversa, porque entre el humo y el sonido repetitivo todo me daba vueltas. De pronto todo paró, Helga me dijo «Abre los ojos» y en lugar de verles a ellos vi a mucha gente, hombres y mujeres, como flotando en burbujas traslúcidas. No eran como los fantasmas de Hogwarts pero se les veía pálidos igual, sólo que más pequeños. No tenía ni idea de quienes eran hasta que miré una de las burbujas y vi el rostro de mi madre sonriéndome. Su burbuja era luminosa y blanca pero tenía una extraña marca roja, como una runa desconocida por mí.

«¿Son mis antepasados?»

«Exactamente». Helga agitó su varita y dijo un conjuro que movió las burbujas con mis difuntos parientes y se colocaron en algún tipo de orden. Había otras burbujas con la misma marca roja aunque yo no sabía quienes eran, y dos burbujas que se habían puesto de color rojo completamente. «Sangre» dijo ella mirando a Soren, y él asintió como si supiera de qué iba aquello. El humo y los cánticos me habían dejado como embobada y no podía ni pensar. Si no, en ese momento habría intentado huir de allí.

Ellos se quedaron mirando las burbujas enrojecidas y las de los símbolos y se pusieron a contar hasta 7, señalándome a mí con el último número. Helga me pidió que mirase a las burbujas rojas, y cuando miré a una de ellas, la más roja de todas con una mujer joven y muy bella, sentí un dolor muy grande en mi corazón y me eché a llorar sin saber por qué. No sabía ni quién era. Luego miré a la otra y vi un rostro de mujer altiva con una mirada perversa que me generó un gran rechazo y escalofríos. El resto con la marca roja me daban pena solamente. Dije en voz alta lo que me despertaba mirar cada burbuja y luego Helga me dijo que mirase a mi madre y le diera las gracias; eso fue fácil para mí. Agitó su varita y las burbujas desaparecieron con un suave «pop».

En un momento el despacho del sanador Weiss volvía a ser el mismo de antes, ya no había velas ni humo, y sobre la mesa había un juego de té. Helga me levitó una taza de porcelana hasta mis manos y mientras yo tomaba unos sorbos me dijo «ahora te lo explicaré todo».

«Tienes una maldición» dejó caer como una bomba.

Mi reacción fue decir: «Eso es imposible, soy adorable. ¿Quién me querría maldecir a mí?».

Helga rió un poco y eso aflojó la tensión. «Claro que eres adorable, querida. La maldición no iba dirigida a tí, pero un antepasado tuyo sufrió una maldición mágica de 7 generaciones…»

«Y yo soy la número 7 ¿verdad? Manda huevos, ¡qué mala suerte!» entonces até cabos «¿maldijeron a la chica de la burbuja roja? Es mi tatarabuela o tatara-tatara… Y quién haría eso, también parecía adorable…»

«Mireia, lo que te voy a decir es… bueno te lo digo y ya.» La escuché con ojos como platos y un escalofrío. «La chica de la burbuja roja fue la que maldijo a tu familia.»

«Mira no entiendo nada…» dije yo. La cabeza me daba vueltas y mis piernas se habían vuelto como de madera, no las podía ni mover. Se me había puesto la piel de gallina.

«Tu antepasada de la otra burbuja roja, que podría ser maga o muggle, da igual, hizo algo muy cruel a la chica que era bruja seguro. Y cuando tu antepasada la mató, la chica usó el poder que le quedaba para maldecirla a ella y a siete generaciones de su descendencia. Tú eres la séptima y última maldita de tu familia.»

De pronto sentí un vuelco en mi corazón, todo se volvió negro y escuché un grito y un golpe. Al parecer me caí de la silla, desperté en el suelo y vi la taza rota y en el suelo un charquito de té aún humeando. Miré hacia la pared y vi que la bruja del cuadro agitaba su abanico muy deprisa y con una expresión pasmada. Anne me ayudó a levantarme y sentarme de nuevo, y cuando iba a reparar la taza Helga la detuvo: «No la repares, tírala, está bien que algo se destruya».

«Esta tipa es muy rara, no me creo nada» pensé yo por unos momentos.

Soren me dio un trozo de chocolate y me instó a que lo comiera. No me lo pensé dos veces. Luego me quedé en silencio mirando al suelo y sólo podía recordar el rostro de mi madre. Helga me observaba y finalmente habló:

«Hemos encontrado la causa de tu enfermedad. Ahora necesitarás un tiempo para asimilar esta información, por supuesto. Pregúntame lo que quieras».

Pero yo estaba en shock, y sorprendentemente no se me ocurría nada que preguntarle ni que decirle. De hecho en ese momento no sabía ni inglés. Sólo dije «Me’n vaig a l’habitació, fins ara». Me levanté dificultosamente y me fui acompañada de Anne en silencio, que supongo que aún sin entender mis palabras captó el mensaje.

Anne me dejó en la cama y se fue. Fui al baño y me miré al espejo. En lugar de ver mi cara de siempre, vi el rostro de una asesina, mi antepasada, mi propia familia. Se me revolvían las tripas. Recordé a la chica ensangrentada, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y me caí al suelo, esta vez porque me fallaron las piernas. Anne acudió rápidamente y me depositó en la cama con su varita. Me obligó a beber un trago de una poción y me arropó.

Desperté con la cara de Helga delante mío y su voz apremiante: «Despierta Mireia, ¡debes levantarte! Llevas tres días en cama y eso no es bueno para tí. ¡Hay que mover el trasero!».

«¿Queeé?» de pronto me sacudí y noté que casi no me podía ni mover y que me venía una rampa en la pierna. Estaba en la habitación rodeada de mis sanadores.

Intenté hablar y tenía la mandíbula tan tensa que tuve que mover un poco la boca primero para poder decir algo. Helga se acercó aún más a mí y estaba a pocos centímetros.

«Helga – le dije con voz resacosa – la magia chamánica me ha hecho empeorar, tengo mucha rigidez y espasmos, y me siento muy débil.»

A lo que ella respondió: «Querida, ¿de qué magia chamánica me hablas? Hice magia ancestral, es algo novedoso, y se llama así porque… bueno luego te lo explico.»

«Tenemos que explicarte muchas cosas que seguramente te ayudarán a salir de esta crisis.» Dijo Soren amablemente. «La aprendiz Prewett te ayudará a asearte y tomar alguna cosa y en cuanto estés lista te esperamos en mi despacho.»

Yo pensé «¿pero cómo me voy a levantar si estoy hecha polvo?» y Anne como si hubiera leído mi pensamiento sacó su varita y me lanzó un hechizo «rennervate» y comenzó a preparar un baño y la ropa para después. Yo noté un poco más de energía y me incorporé en la cama. Le empecé a preguntar a Helga «Entonces ¿no era magia chamáni…?»

«Hasta luego» dijeron Helga y Soren ya en la puerta.

Estaba un poco confundida, la verdad. Tres días, ¿en serio?

«Anne, me siento muy perdida.» Aunque me costaba hablar y lo hacía muy despacio, necesitaba decirlo. «No sólo porque no sepa qué hacer, ni qué me van a explicar. De pronto no tengo garantizado mi propio origen.» mi voz cambió con la ansiedad que este pensamiento me daba «No quiero ser de una familia de asesinas, es todo lo contrario de lo que a mí me identifica. Pero su sangre corre por mis venas, y me repugna. ¡Es horrible!»

Al empezar a llorar, todo ese rechazo también sacó a relucir mucha rabia, una ira enorme que me desgarraba por dentro como un jabalí herido. Lloré convulsivamente y gritando de dolor con el alma rota. No me importaba la que estaba liando, era demasiado grande. Entonces Anne se acercó a mí y me abrazó en silencio, y poco a poco la rabia se transformó en pena. Esa pena dolía muchísimo en mi pecho y seguí llorando, sollozando más calmada y mojando con mis lágrimas y mocos la túnica rosa de Anne. Entonces me separé un poco de ella y Anne me dijo: «haz una esfera con esa emoción y ponla delante de tí.»

Así lo hice mentalmente, y era invisible, pero en cuanto ella agitó su varita se reveló la esfera de color azul marino y gris y ella la transformó en luz amarilla y la esfera luminosa se fue por la ventana hacia el Sol. Al momento me sentí liberada, respiré hondo y pude sonreír.

«Como mola tía…gracias» le dije. Y me levanté de la cama para prepararme para la reunión. Seguía sintiendo un vacío en mi interior, un dolor antiguo y profundo, pero a la vez podía estar en el presente y bañarme, comer algo, podía volver a hacer las cosas cotidianas que durante tres días no había podido ni intentar.


Vocabulario mágico

St Mungo’s: hospital para heridas y enfermedades mágicas que se encuentra en Londres y al que acuden los magos y brujas del Reino Unido.

Muggles: personas no mágicas.

Ilvermorny: Escuela de magia equivalente a Hogwarts en Massachusetts, Estados Unidos de América.