Saber que tengo esta enfermedad es como tener una gran bola de disco setentera, tengo que procesar cada cara del prisma, cada espejito, como un duelo por separado. Por eso antes de publicar sobre las fases quiero hablar de algo que a mí misma me cuesta de comprender. El duelo que me está resultando más fácil de procesar es el de mi cuerpo y mi muerte. Es como si no fuera para tanto no poderme mover mientras pueda soñar, imaginar, crear con mi mente y sentirme acompañada. Y la muerte puede ser una amiga, un descanso por fin cuando ya no pueda disfrutar de estar viva.
En cambio un duelo que no he podido procesar para nada es el de mi profesión de comadrona. Eso sí que es pupita en el corazón. He disfrutado tanto acompañando a las mujeres y a sus familias todos estos años, he aprendido tanto a todos los niveles y hubiera seguido hasta los 80 años trabajando, hubiera seguido atendiendo partos en casa aunque hubiera heredado un título de marquesa y viviera en Downton Abbey. Mi trabajo es totalmente vocacional y además para mí es un privilegio en el sentido humano (en el sentido económico no tanto). Sólo de pensarlo estoy empapando el teclado. En este duelo todavía estoy un poco enfadada porque siento que el mundo no está aprovechando mi potencial dejándome enfermar y morir. Gritaría «¡Eh mundo!, ¿me dejas colgada eh? ¡no sabes lo que te pierdes cabrón!». No tiene ningún sentido, lo sé. Por eso en las fases del duelo los pensamientos son a veces absurdos, no racionales. Son “mágico-pendejos” (el vídeo me parece una super buena explicación).
Otro duelo que tengo a medias es la docencia. Es difícil dar clase si te cuesta hablar y aguantarte de pie. Ahora voy a intentar dar algunas clases sentadita y a mi ritmo, pero ya no podré hacer aquellos talleres – performance en los que acabábamos rodando por el suelo gritando de parto y haciendo maniobras para resolver distocias… Como ves me va la marcha, mis clases rara vez son aburridas. Todavía no sé dónde estoy en esta faceta de la bola, a veces pienso que si Stephen Hawking daba clases en la universidad estando en fase terminal, ya veremos cómo me lo monto logísticamente…
Hay una cara que tiene un brillo especial. Es el duelo por que no podré ser la madre que quería ser para mis hijos. Espero poder verles crecer un poco más, o mucho más, pero no podré hacer tantas cosas con ellos ni por ellos… uf mejor de este duelo no sigo hablando. Es demasiado grande, más que los demás. Sin embargo mis hijos me lo están poniendo muy fácil, aceptan cada cambio sin problemas y me ayudan como pueden. Me sorprenden cada día con su ligereza y alegría, ellos tienen la clave: los niños están en el presente. Por eso ellos no están preocupados ni ansiosos como yo que proyecto tanto hacia el futuro… Mis hijos son mis verdaderos maestros.
Y la bola tiene muchas, muchas caras más…

Eres una maga avanzando en el proceso de los duelos, ya casi estás en aceptación. Yo estoy en duelo por tus duelos y me he quedado atascada en la fase de negación… cuesta mucho. Te quiero un montón.
Me gustaLe gusta a 1 persona