En plena primavera, cuando la naturaleza se expande y la gente sale y se activa, yo estoy prácticamente hivernando. Me muevo como si fuera de cristal.

Ahora que siento que tengo más equilibrio y que noto más fuerza en las piernas, no quiero arriesgarme lo más mínimo a caer. Cada caída ha supuesto un peaje en mi salud, y ahora estoy muy centrada en recuperar energía y no me lo puedo permitir.

Por eso, a ojos de todo el mundo, puede parecer que esté peor, ya que no ando sin andador, no salgo mucho, he dejado de hacer de taxista prácticamente, y hago lo mínimo de ejercicios de rehabilitación. Además hago muchos descansos y hasta siesta.

Mi objetivo no es solamente la seguridad en «modo obsesivo», también conservar energía para que mi cuerpo pueda usarla en recuperarme.

Este cambio ha sido sobretodo fruto de una mayor comprensión de cómo funciona el cuerpo y la enfermedad. Hasta hace poco cada día llegaba al agotamiento extremo y hacía todo el ejercicio que pudiera aguantar (que era bien poco). Ahora eso me parece una locura, pero es lo que hacemos cuando estamos desesperados y con miedo a perder más facultades, por la ELA.

Voy a probar qué tal me va actuando como si fuera una figura de cristal.