Desde que tuve el cobi en Mayo de este año me resulta muy difícil andar sola con los dos palos. No tengo problema si voy de la mano, ya que el problema es el equilibrio. Por suerte mis piernas siguen fuertes, y hermosas.

A pesar de tener fuerza, la dificultad de coordinación de la marcha se traduce en que si llevo a mi hijo al cole, no puedo bajar del coche y andar hasta la puerta salvando bordillos de aceras y suelo irregular, como hacía antes. Menos aún ir a recogerle andando un trecho más en la escuela y esquivando criaturas correteando entre las piernas de los adultos y adultas. Lo más cotidiano y mundano para la mayoría se ha convertido en jugarme la integridad física para mí.

Por ese motivo ahora soy taxista casi profesional. Transporto a mis hijos por toda la ciudad a sus extraescolares y actividades. Hay tardes en las que me llego a pasar casi 3 horas en el coche, sin llegar a bajar de éste. Suelo escuchar radio musical o podcasts mientras conduzco. Para llegar al siguiente nivel sólo me falta escuchar radio taxi y llevar un rosario colgando del retrovisor.

Las otras madres deben pensar que me he vuelto una estirada, ya que no bajo del coche ni para hablar con ellas. Ahí estoy con mi glamour, sonriendo con mis gafas de sol y más de una vez con pantalón de estar por casa, ya que no se me ve de cintura para abajo.