Aprovechando que en los juegos olímpicos se habla de las mascotas, no quiero dejar pasar la ocasión de hablar del Cobi. El Cobi me pilló en Abril y no me ha soltado hasta ahora, final de Julio, sin embargo antes de que terminen los juegos olímpicos de Paris pienso estar libre de él, y creo que lo estoy consiguendo.
¿Cómo lo sé si no me he metido un palo de escoba por la nariz? Bueno, el Cobi es bien conocido en mi casa, viene y va cuando le place, así que le reconozco fácilmente. Tardé dos meses en darme cuenta de que seguía conmigo, porque el cansancio extremo también es un síntoma de motoneurona. Cuando no tenía fiebre seguía teniendo niebla mental, fallos de memoria, taquicardia y dificultad para respirar, y… como yo sé que eso no es normal en mí, en lugar de pensar que la ELA estaba avanzando me puse a combatir los birus.
Lo siento Cobi, mascota esperpéntica e incomprendida, te echo de mi casa y cuando vuelvas te echaré más rápido aún.
Los efectos del Cobi son devastadores en personas con neurodegenerativas. Todos los síntomas neurológicos empeoran. He combatido la infección subiendo las defensas, nutrientes, desinflamando y he usado varios métodos alternativos para limpiar mi cuerpo.
Por fin en las últimas semanas me estoy recuperando de nuevo. Vuelvo a poder hacer un poco de ejercicio sin ahogarme y sin taquicardia. Mente despejada y pocos fallos de memoria. Desde aquí saludo con la mano al Cobi porque estos 4 meses he aprendido muchísimo más sobre cómo cuidarme.
