Este reto de la motoneurona me obliga a enfrentarme a diario con el duelo. La pérdida de las capacidades, la pérdida de la identidad como persona, la cercanía de la muerte propia.

Entonces muere alguien que te importa y se suma a los duelos varios que una intenta gestionar en el día a día.

Al morir un amigo he recorrido algunos rincones olvidados en mi ser, y lo que he encontrado ha sido mucha luz. Tengo vida, tengo salud, puedo revertir la ELA, puedo tener un futuro, vivir y ser feliz. Él ha dejado un cuerpo que ya no podía hacer lo que necesitaba para seguir en este mundo. Y yo tengo todas las posibilidades ante mí.

El duelo es necesario, también es relativo. Forma parte del día a día. Mientras siento la ausencia del que se ha ido, escojo sentirme afortunada por la vida que tengo, la esperanza y la ilusión.

Y como si de un bonus se tratara tengo los recuerdos de las risas y de la fuerza de espíritu que tenía este hombre tan especial. Compañero de reto de la ELA, (aunque la ELA no fue lo que se lo llevó), descansa en paz Antonio.