Cuando vi la escena de la película de «Todo en todas partes al mismo tiempo» pensé: anda mira, como yo, ¡dedos salchicha!
No me puedo quejar porque mis manos actualmente están bastante bien. Pero he tenido épocas en las que he pasado apuros con las manos. Al principio entrenaba estrujando una pelotita cada día. Recuperé fuerza, pero no destreza ni coordinación. Los neurólogos sólo miden la fuerza, pero no valoran la psicomotricidad fina, que es lo que resulta más afectado, y afecta más a la vajilla de casa. Puedo dar un puñetazo (aunque un poco flojeras) pero no puedo dar palmas con ritmo, ni tocar la guitarra, ni escribir bien o dibujar. Ni matar mosquitos, porque cuando llega mi mano el bicho se ha jubilado.
Ahora trabajo la psicomotricidad de mis manos haciendo ganchillo por ejemplo, y también tocando texturas y haciendo ejercicios suaves. Hago menos pelotita porque me daba mucha rigidez. Soy capaz de hacer reflexología podal a mis hijos, aunque me cueste estoy orgullosa de ello.
