Tengo un super poder del que no había hablado aún aquí. Este superpoder consiste en que tengo el control de lo que entra por mi boca. Yo decido si bebo algo o no, si como algo o no, si me tomo un medicamento o no, o un suplemento. Si decido que no quiero comer eso, no entra en esta boquita. Sé que es sorprendente, y desconcertante. ¿Acaso no me siento obligada a comer algo que ha cocinado quien me invita? Gracias a este superpoder, no. Yo voy con mis tupers de germinados a todas partes, y si alguien se enfada no me importa en absoluto. «Un poquito de pastel no te hará daño, está muy bueno…» No, gracias, pero lo oleré, tiene muy buena pinta. El vino, la cerveza, cualquier cosa cocinada al estilo tradicional… siempre estarán allí. Seguro que no desaparecen del mundo porque yo no los consuma.
Tengo un proyecto que incluye una alimentación muy poco convencional, y porqué no decirlo, muy barata también. Ahora mismo mi proyecto es lo más importante para mí, así que no me cuesta mucho controlar lo que entra por mi boca.
A excepción de mi kriptonita: el chocolate 95% de cacao.
