El 2023 para mí ha sido el año en el que he hecho más cosas para cuidarme y también el año en que he notado que puedo mejorar mi salud, que puedo revertir este proceso al que llaman ELA. Antes, en 2022, tenía asumido que sólo podía empeorar y eventualmente morir atrapada en un cuerpo marchito. Así que ha sido un viaje positivo en el que he ido descubriendo recursos increíbles a todos los niveles.
Sin embargo no tengo garantizado que vaya a revertir. En este último mes he experimentado un leve retroceso quizás por el frío combinado con otros cambios, es mi «pasito p’atrás» del que hablo en otro post. Y cuando estoy así, cuando vuelvo a hablar más lenta y a andar peor, cuando vuelvo a tener más rigidez y me atraganto, me doy cuenta de que podría seguir empeorando y vivir todo aquello que han experimentado los demás enfermos de ELA hasta la muerte. Podría ocurrir que no logre revertir. ¿Quién me puede garantizar que haciendo esto o aquello me pueda recuperar 100% seguro? Nadie, ni yo misma, ni alguien que se ha recuperado.
Una amiga muy sabia me dijo un día: «¿Y si mañana me cae una maceta en la cabeza qué? Igualmente todos podemos morir en cualquier momento».
A parte de las risas al imaginarnos la maceta cayendo sobre nuestras cabezas, cuánta razón tiene. No me puedo fijar como objetivo estar viva y sana para el 2024 y más allá. Me pondré un objetivo alcanzable: «mientras viva podré el foco en la salud, y cuando venga la muerte estaré en paz».
Que tengas un buen final… de año.
