No sabía lo importantes que son las creencias que tenemos hasta que mis creencias estuvieron a punto de matarme. Sí, como lo oyes, ¡casi me matan! Me creí una sentencia fruto de un adoctrinamiento que impera actualmente en nuestra sociedad: que hay enfermedades que no tienen cura. Imagínate con qué fuerza golpea esa creencia que incluso yo, una mujer que ya había sanado de una enfermedad supuestamente incurable (endometriosis) me lo creí.
Creí que esta vez era demasiado grande lo que me había caído. Me caló hasta los huesos, comencé a pensar en arreglar todo para mi partida, en grabar vídeos para que cuando mis hijos fueran adultos pudieran verme y escuchar la turra de mamá. Cuando tienes una creencia tan arraigada, sientes que SABES algo, te aferras a esa creencia aunque sea dolorosa porque necesitas una estructura, algo, que te oriente y te diga dónde estás. Eso es: seguridad. En aquel momento la creencia de que no había solución a mi enfermedad me daba una seguridad que necesitaba, porque me daba mucho miedo moverme del lugar en el que me encontraba.
Me confirmaban la creencia todas las personas y cosas de mi entorno y más allá. Seguía a varias personas con ELA en las redes, algunas ya en paz descansen, que tenían la misma creencia que yo y que afrontaban la muerte con valor, sin ninguna fe en recuperar la vida.
Me cuidaba mucho, estaba haciendo PNI y terapias funcionales desde el principio, con el objetivo de retrasar al máximo mi declive y estar presente un ratito más en este mundo para mis hijos. Al cuidarme tanto comencé a revertir un poco, pero igualmente no me atrevía a soltar la creencia, y menos aún a creer que podía salir de ésta.
Imagínate hasta qué punto la creencia de que no tenía cura me cegaba que al principio, cuando casualmente encontré la web de Healing ALS y empecé a leer casos de reversión no me lo quería creer. Al principio pensé que no tenían ELA y por eso se habían curado. Pero resulta que sí que tenían ELA y estaban certificados por un equipo de neurólogos americanos que habían confirmado el diagnóstico, seguimiento y reversión de más de 50 personas. Entonces pensé que debía ser un «tipo» de ELA distinto al mío; pero a medida que leí las historias, escuché sus conferencias y hasta hablé con alguno de ellos me di cuenta que las reversiones habían ocurrido en todos los tipos de ELA: rápida, lenta, motora primaria, bulbar, genética, etc. En cualquier etapa, inicial o terminal. Increíble ¿verdad? Ya sólo me quedaba pensar que algún psicópata hubiera creado toda una red de webs, podcast, vídeos, libros, etc para tomarnos el pelo…, el caso es que cuando me conecté en directo y pude hablar, preguntar, escuchar todo lo que explican vi que esto es auténtico, y que quizás lo que no es auténtico es aquello que me ha hecho creer durante bastante tiempo que no tengo el poder de sanar.
Salir de esa creencia es muy incómodo, te haces consciente de tu dolor. Hay que soltar muchas cosas y permitirse cambiar. No te sientes segura por un tiempo hasta que tomas las riendas y te «reconstruyes». Incluso aunque una vez fuera de la creencia estés en un lugar donde hay esperanza, ilusión, futuro… entiendo perfectamente a las personas que eligen permanecer en la creencia y seguir siendo la misma persona.
