Cuando yo era pequeña los cuentos de hadas no eran como ahora, todo tan bonito y políticamente correcto como en instagram. Los cuentos de hadas en mi época (de boomer) daban miedo y eran más bien gore. Personalmente creo que molaban más, había muertes, sufrimiento, mutilaciones…

Uno de los cuentos que más ha perdido el sentido al descafeinarlo es el de la sirenita. Spoiler, en el original ella muere al no ser capaz de matar al príncipe humano (que pasó de ella), y se convierte en espuma de mar. Pero lo más interesante para mí es cuando acude a la bruja del mar y ésta le dice el precio por tener piernas: no sólo perderá su voz sino que al andar sentirá un dolor como si se le clavaran cuchillos en los pies. Y aún así la sirenita elige las piernas. Y como una valiente camina hasta el castillo para comenzar una nueva vida, aguantándose el dolor porque cree que vale la pena andar.

Y es este trocito del cuento original el que me ha venido a la mente este verano. Porque con la fascitis en la pierna andar se ha convertido en algo doloroso, costoso y penoso. Pero aún así yo ando con mis bastones, y si me ofrecieran tener cola de sirena y poder ir sentada y cómoda en una silla y que me llevaran a todas partes… algún golpe de bastón se llevarían las brujas y brujos de mar.

Yo ando, y por lo que me cuesta hacerlo me siento como una diosa poderosa, valoro más que nunca la capacidad de andar; ando y seguiré andando. La fascitis tiene remedio, y todos los esfuerzos valen la pena. ¡Echa a andar y no mires atrás!