Ahora creo que sé por qué tuve una evolución tan lenta de la enfermedad. Por un lado porque antes de 2014 yo llevaba años haciendo una alimentación especial: sin gluten y sin lácteos, ya que si los consumía me ponía enferma. Ya tomaba algunos suplementos que tomo actualmente, pero sin guía ni propósito. En 2018 descubrí la dieta cetogénica, eso me salvó en un momento crítico. Y por otro lado creo que también fui lenta porque ya había hecho un trabajo personal sanando algunos traumas, aprendiendo a gestionar algunas emociones, meditando con frecuencia y acudiendo a terapeutas de diversas disciplinas que me ayudaron mucho. Aún así me faltaba mucho recorrido en todos los ámbitos.

Al evolucionar lentamente me ha dado tiempo a reunir más recursos de los que tenía cuando criaba a mis hijos pequeños. Ya tenía el Reiki y me hacían Sanación Pránica periódicamente, estoy segura de que esto me ayudó a tener a raya la enfermedad. Tras la muerte de mi madre con Alzheimer, el trabajo que comencé en 2020 con la terapia sistémica familiar fue crucial para encajar el golpe que vino después. He crecido por dentro mientras mi cuerpo se iba estropeando poco a poco. Ahora puedo dedicarme a cuidarme para revertir, así que estoy muy agradecida a la Vida por poner a mi disposición tantas ventajas que al principio me parecieron inconvenientes.

En el siguiente post te explicaré por qué creo que enfermé.