Hace unos meses he vivido una experiencia muy enriquecedora, de la que he sacado mucha información y he aprendido mucho. En Mayo mis hijos se pusieron enfermos y les duraba mucho, demasiado. Fiebre, cansancio, vómitos, dolor de garganta… ellos nunca han estado enfermos más de 24 – 48horas, y pasaban los días igual sin mejorar. Cuando les salieron bultos en el cuello lo entendí: mononucleosis. Las noches sin dormir y el consiguiente agotamiento contribuyeron a que los colegas Epstein & Barr hicieran de las suyas también en mi cuerpo. A las tres o cuatro semanas estaba yo igual que ellos.
Durante la convalescencia experimenté un tsunami de empeoramiento de todos y cada uno de los síntomas de motoneurona, a parte de los de mononucleosis. Después de todo lo que había mejorado, volví a perder capacidades durante muchos días. Apenas me podía mover de la cama al WC. Y durante varios días no bajé ni a la cocina. Tenía más espasmos, fasciculaciones, rigidez, rampas que nunca. No enviaba audios porque apenas podía articular palabra. Me volvía a atragantar al beber cada trago de agua. Pensarás que me asusté mucho… ¡pues no! Esta vez sabía muy bien lo que estaba pasando, ver a mis hijos enfermos antes que yo me ayudó a ser objetiva y a separar mentalmente la convalescencia de todo el proceso de motoneurona.
Con el apoyo de mi terapeuta PNI, y con ayuda del Reiki y de las meditaciones me he recuperado increíblemente rápido, en tres semanas ya podía volver a hacer las cosas que hacía antes. Y al recuperarme de repente noté una energía mucho mayor y aproveché para aumentar el tiempo de ejercicio diario. Me sorprendí muchísimo de ser capaz de hacer ejercicio un día, al día siguiente, y otra vez al día siguiente… sin tener que hacer reposo y sin tener más rigidez. Al cabo de 10 días seguidos haciendo ejercicio al máximo de mis posibilidades (no gran cosa en comparación con alguien de mi edad sin enfermedad de motoneurona) empecé a frenar un poco porque toda yo estaba contracturada. Sin embargo ocurrió algo todavía más increíble: aumenté de peso sin aumentar ni un solo centímetro de gordura. ¿Qué te parece?
Mi teoría basada sólo en mi experiencia es que cuando empeoramos de ELA es porque tenemos infecciones activas. Virus, bacterias, parásitos suelen atacar varios a la vez. ¿Qué pasaría si la infección está en el cerebro, en el bulbo raquídeo, en la médula espinal, y ningún cultivo que nos hagan estando vivos puede revelarlo? Ningún medicamento nos puede liberar de infecciones víricas. Lo único que se puede hacer es apoyar al cuerpo para que pueda eliminar al virus por sí solo.
Los enfermos de ELA necesitan más expertos y expertas en el sistema inmune. Más expertos en microbiota y nutrición funcional para que podamos mejorar nuestra respuesta a las infecciones. En cuanto mejoramos de ánimo dejamos de empeorar, ¿por qué será? Más expertos y expertas en adaptación hormonal y emocional por favor. Para mí el Psiconeuroinmunólogo ya es ese profesional que necesitamos a nuestro lado.
Por ejemplo ya se empieza a conocer la relación de algunas infecciones víricas con enfermedades que hasta ahora se habían considerado auto-inmunes.
