Hace 18 años que sané, y mi hija mayor tiene 11, así que no es la clásica reversión por los embarazos. Me curé con toda la intención y conciencia de lo que estaba haciendo. Sufría unos dolores intensos e incapacitantes que me llevaron a situaciones extremas que prefiero no recordar. Me hicieron 2 laparoscopias, un diagnóstico y una derivación a psiquiatría porque daban por sentado que necesitaría antidepresivos a parte de analgésicos de por vida. Nunca tomé los antidepresivos.

Cuando vivía en Birmingham tras la segunda laparoscopia (que no me sirvió de nada) leí un libro sobre la endometriosis que me salvó. Hablaba de la alimentación y hábitos de vida. Descubrí que tenía intolerancia a los lácteos y al gluten y al dejarlos por completo desaparecieron los síntomas. Sin embargo al cabo de un año, viviendo en Londres, a pesar de que evitaba el gluten y no tomaba lácteos, los síntomas volvieron.

Una alumna mía me habló de una terapia muy interesante y me fui un fin de semana a un curso en el sur de Inglaterra. Fue una revelación, algo que cambió mi vida. Trabajé a través de las emociones las memorias celulares y resolví muchas cosas. Además aprendí las herramientas para hacerlo por mi cuenta. Me enfrenté a la memoria enterrada que me había provocado tanto dolor y sufrimiento durante 10 años y la resolví. Estaba completamente decidida, era mi momento. Salí de allí liberada y feliz. Nunca más me ha dolido la menstruación.

Cuando se lo he explicado a diversos médicos en diferentes épocas de mi vida su respuesta ha sido siempre la misma: «eso es imposible, la endometriosis no tiene cura.»

Años más tarde entré en un foro sobre endometriosis y expliqué mi testimonio. En seguida se me lanzaron todas las enfermas a la yugular, que qué me había creído engañando así a la gente, que yo nunca había tenido endometriosis, que es imposible curarse, bla bla…

Al principio les envié pruebas de mi diagnóstico en dos países diferentes, informes y demás, pero decían que los había falsificado y creo que acabaron eliminando mi entrada. Nadie me preguntó cómo lo había logrado ni me pidió ninguna información. Sólo una chica me preguntó sobre el libro de Dian Mills. Quizás ellas necesitaban creer que no podían hacer nada para mejorar.

En aquella época yo quería ayudar a quien no pide ayuda, no tenía medida. Me frustró mucho que mi intento de compartir mi revelación no fuera bien acogido. Ahora lo veo distinto. Respeto el dolor que sufren las mujeres, cada una hará su proceso o no lo hará.

Yo sé que la medicina capitalista (convencional) desahucia y cronifica, y que hay otras maneras de recuperar la salud. Ya lo he hecho antes y lo volveré a hacer. No me creas, simplemente mira.

Como dijo Bruno Mars: «Don’t believe me just watch»