Adaptarme para mí ahora significa cambiar el chip y conducir modo «abuelita». Parar en todos los pasos de zebra, stops, cedas, y arrancar despacito. Crear caravanas en carreteras comarcales y no volver a pisar la autopista. Trayecto máximo de 15 minutos.

Yo era una conductora rápida y más bien agresiva, llegar antes de lo que indicaba el GPS era mi reto diario, como un rally. Ahora no paso de cuarta. Ahora soy yo la que hace que alguna persona se exaspere por mi lentitud. Si me pitan sonrío para mis adentros y pienso «jódete jovenzuela/o».

Mi secreto es ponerme fisiocrem en los tobillos antes de salir de casa y hacer unos estiramientos. Así parece que de momento puedo controlar los pedales.

Ahora conducir es aburrido, pero poder ir a los sitios que necesito como terapias y rehabilitación, y poder llevar a mis hijos al cole y a extraescolares es importante en mi familia. No siempre puedo, pero cada día lo intento.