Si yo le explico a un/a profesional de la unidad de motoneurona que antes tenía disfagia (dificultades al tragar) y necesitaba espesante, dejé de comer frutos secos, tomates, ensalada etc. y ahora en cambio no tengo atragantamientos casi nunca, bebo tranquilamente sin espesante y he vuelto a comer de todo, incluso avellanas que hacía dos años que no me atrevía a comer… podría reaccionar de la siguientes maneras:

A – Me dice que ahora vendrán unos señores que me pondrán una camisa muy divertida y me llevarán a una habitación con las paredes blanditas.

B – Despierta su interés y me pide que le explique qué he hecho en estos últimos meses en cuanto a tratamientos, alimentación, terapias etc. para poder exponerlo en las sesiones clínicas del equipo y fomentar que otros pacientes hagan lo mismo y ver si mejora también su calidad de vida.

C – Me dice: Ya, bueno… al menos tienes el espesante en casa para cuando lo necesites otra vez (en breve seguramente). Y sobretodo debes aumentar los carbohidratos, que estás comiendo demasiado pocos y eso no es bueno para la ELA.

D – Me dice que eso es porque ahora estoy más atenta cuando como y bebo (es decir que los pacientes que ya no comen es por falta de atención).

¿Cuál de las cuatro opciones sería la adecuada en caso de ser un/a profesional con vocación y motivada/o para aprender y ayudar a los pacientes? Uf, difícil ¿eh?