Las ratas de laboratorio no eligen no participar en los estudios, que las pueden dejar lisiadas o incluso acabar matando, porque no tienen libre albedrío. Tampoco pueden huir por su condición de prisioneras. No soy un maldito roedor, afortunadamente para mí.
Cuando estudiaba enfermería la asignatura de ética la daba una mujer tan odiosa que decidí pasar sus clases en el bar de la facultad jugando a la butifarra (juego de cartas). La misma facultad en la que ahora, como paciente, mi desconocimiento de la ética en medicina me desconcierta. Es probable que muchos más ex-alumnos que ahora ostentan ese título y pasean con batas blancas por las consultas hicieran como yo durante la carrera.
Y me parece bien, ya que cada persona madura (o no) a su ritmo, y puede adquirir una comprensión (o no) de la condición humana, progresivamente. Por eso yo veo la cola de rata debajo de la bata y aunque torpemente y sin elegancia me retiro a tiempo, recojo lo que queda de mi dignidad y no permito que usen mi amado cuerpo para experimentar. No es que sea malo, está genial, seguro que aprenderán muchas cosas. Solamente que a mí no me apetece.
Así que… ¡hasta luego Lucas!

Hola Mireia,
Portes fortalesa amb les paraules, gràcies per encoratjar i fer visible per a totes i tots allò que és i no s’assenyala massa sovint….
Endavant! 😘
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