Como estoy haciendo mi propio estudio sobre las fases del duelo, y he escrito sobre las 3 primeras, llevo semanas esperando a que me llegue la fase de depresión y… ¡Qué disgusto llevo! no me viene, así que no podré sacarme el título de superar todas las fases, jopeta… jajaja.

Al contrario, estoy más feliz que nunca, incluso más que antes de saber que soy motomireia… y eso que ya apenas tomo CBD, sólo vitaminas y omegas… y chocolate (de cacao eh).

Todo por culpa de los tardígrados, de mis hijos y del James Webb que no podré avanzar en las fases… jeje. Oh… espera un momento… ¿podría ser que ya la haya pasado en realidad?

Dividir el duelo en fases nos es útil para poder aprender a identificar y planificar acciones por ejemplo para ayudar a una persona que se ha bloqueado. Es muy necesario poder separar los conceptos. Luego en la realidad de cada persona se pueden solapar, fluctuar, incluso tener lugar en otro orden.

Yo no le llamo depresión, aunque he tenido muchos días en los que dicho: «hoy estoy depre», o he tenido ansiedad, no he tenido una «depresión» como tal ni he precisado más medicación que unas valerianas ocasionalmente. Para mí ha sido la fase de la PENA.

Creo que como al conocer mi enfermedad se me desmontó la rabia, ya directamente sentí mucha muchísima pena. Estuve muy triste y lloraba en cualquier momento sólo de pensar en mí misma y de darme cuenta que en los últimos años mi cuerpo había dejado de funcionar progresivamente sin que yo pudiera afrontarlo. Se destapó algo que había estado oculto en mi interior muchos años, quizás incluso mucho antes de comenzar a tener síntomas de motoneurona. Ese dolor era muy familiar, muy conocido, y yo no le había dado permiso para salir hasta ahora. Lo tenía enjaulado y la realidad golpeó la puerta de la jaula y la tristeza comenzó a salir, a fluír en forma de lágrimas y mucha pena penita pena…

Durante semanas iba con gafas de sol a todas partes donde hubiera gente y a todas horas, incluso en interiores… hasta que me chocaba con las cosas y con la gente y el riesgo de golpes y caídas iba en aumento. Llegó un momento en verano en el que dejé de usar las gafas de sol para hablar con gente y ya no me importaba tanto parecerme a Benicio del Toro.

Una vez que sabía que iba a empeorar y a morir, ya no me daba miedo lo que pudiera encontrar por ahí al «fondo de saco» de mi ser. Por eso podía por primera vez en mi vida abrazar a la pena en lugar de huír de ella. Total, ¿ya qué tenía que perder? En estos últimos meses tan intensos he sentido un cambio importante: aquello que era una fuente de dolor y tristeza se ha transformado en una fuente de alegría y confort. No ha sido fácil ni llevadero: yo que he parido a pelo dos veces pariría unas cuantas veces más y me parecería más fácil i soportable que lo vivido últimamente. Y los partos me dolieron un huevazo ¿eh?

Yo sólo se lo que siento yo, así que esto que te explico seguramente no sirve para nadie más. Ahora sí: si le pones empeño la fase de depresión se puede superar. Vendrán más bajones, seguro, y yo podré con ellos. Mi secreto para sobrellevarlo: el cacao.