Mi hijo de 8 años ayer quería llegar pronto a casa y no paraba de decirme: «Pero mama corre, ¡date prisa!» Y yo con mis bastones a cámara lenta por la calle. Le dije que me podía pedir cualquier cosa menos eso. Al cabo de un rato ya en el coche me preguntó si la enfermedad que yo tenía se llamaba ELA (ya que se ha leído el cuento de «mano amiga») y si era una enfermedad de la pierna (ya que hace años que tengo problemas en una rodilla). Entonces le expliqué que la enfermedad llamada ELA en realidad afecta a los músculos voluntarios de todo el cuerpo, no sólo las piernas, que es como si el robot de Lego no recibiera la señal de la tablet y no activara el motor. Le expliqué que por eso iba tan lenta, ya que a veces mis neuronas no podían transmitir bien la señal a mis músculos. Entonces me dijo «mama, entonces los caracoles tienen ELA no?», y nos partimos de risa.
Como le conozco sé que lo ha dicho de guasa (a veces la gente cree que hace estas preguntas en serio y que es más infantil de lo que parece), él es muy bromista, no sé de dónde habrá sacado ese sentido del humor…je je. Siempre me hace reír y desmonta cualquier posibilidad de acabar la conversación con un drama. Mientras en su mente él va colocando las nuevas piezas en el puzzle, yo no se las doy todas de golpe. Él mismo las va encontrando sobre la marcha, no tenemos prisa, como los caracoles.
