Normalmente escribo para desahogarme, hoy te voy a explicar algo que te puede ser útil incluso si no tienes ELA. Tras el disgusto en mayo empecé a notar que se me dormían los brazos y las manos. Sentía el típico hormigueo, y no hallé información de que esto fuera un síntoma de motoneurona. Fue empeorando en julio, y en agosto se lo comenté a mi fisioterapeuta de neurorehabilitación. Entonces ella me enseñó a mantener los hombros hacia atrás, a percibir mi postura y corregirla estando de pie, sentada y tumbada. En una semana desaparecieron los hormigueos y ¡no han vuelto!
Estos hormigueos eran debidos al encorvamiento por la atrofia muscular en el tórax. Tenía los hombros rotados hacia adelante tanto que se comprimían los nervios y la circulación. ¡Con lo tiesa que iba yo hace unos años! Ahora trabajo cada día los hombros, simplemente mantenerlos hacia atrás es un esfuerzo para mí, y lo más importante es que es algo que yo puedo hacer, puedo decidir estar mejor; ya que ser motomami no lo puedo eludir.
Si me ves por ahí y parece que llevo un palo de escoba en la espalda… ¡Es buena señal!
Sé de otras personas que sufren parestesias en los brazos por motivos parecidos, por contracturas y pinzamientos cervicales. Todos podemos mejorar la calidad de vida con una buena profesional en fisioterapia. Agradezco a mi fisioterapeuta habitual, Clara, que me puso en contacto con Carol de Perfetti. Soy afortunada de teneros.
Hormiguitas en las manos
