Me encanta la pose de Zoolander, así vivo yo, con esa intensidad. Hasta hace relativamente poco yo creía que el mundo era demasiado intenso, que la vida era excesivamente apasionante y emocionante hasta saturar, que todas las personas del mundo vivían constantemente desbordadas de pensamientos, emociones, sensaciones, percepciones… y tenían un torbellino por dentro, pero que todos tenían más autocontrol que yo, ya que yo no siempre lo puedo contener. También pensaba que todo el mundo percibe el tiempo tan lento como yo, ya que al compartir me doy cuenta de que lo que para una persona es un día normal para mí es como tres días intensos comprimidos en uno de forma inexplicable, incluso aunque no haya hecho nada especial. Hasta que leí el libro de la Dra. Elaine Aron sobre las Personas Altamente Sensibles (HSP) y por fin comprendí que no todo el mundo es como yo. Sólo somos un 15% de la población. ¡Menos mal! Sería insoportable vivir rodeada de tantas personas a punto de explotar como esas teteras que pitan cuando hierven.

Es todavía más interesante el hecho de que todo el mundo me dice que transmito paz y tranquilidad, me lo han dicho desde muy joven. Las mujeres que han parido conmigo siempre me han dicho que les he transmitido tanta calma, incluso cuando ha habido una emergencia se han sentido totalmente confiadas al mirar mi rostro mientras actuaba resolviendo. Es muy curioso, siempre me sorprende que me lo digan, y estoy orgullosa de ello. Así que la intensidad va por dentro, no se ve. Si me ves en persona pensarás: “vaya muermo esta Mireia, me esperaba alguien más glamurosa o interesante con todo lo que escribe”. Y seguramente no oirás el pitido de la tetera que hierve en mi interior. O la cara de Zoolander que va por dentro.